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"¿Qué hacer?"

Ensayo testimonial: una jornada por la alimentación en México


"Para el mundo tú puedes ser una persona, pero para una persona tú puedes ser el mundo."
- Anónimo

Abstract

Recolectando alimentos en la Uninter

Haciendo colecta en Uninter

El sábado 18 de octubre de 2003, alumnos del ITESM Campus Cuernavaca, tuvieron a su cargo la logística de acopio de alimentos para la gente menos beneficiada de los municipios de Cuernavaca, Emiliano Zapata y Ocotepec. Tan sólo en esa jornada se recolectaron quince toneladas y media de alimentos más dos toneladas de aportaciones de escuelas. El lema "Por un México Sin Hambre" fue una cruzada nacional, con un objetivo de tres mil toneladas, que se realizó en las principales ciudades del país.

Setecientos elementos del Servicio Militar Mexicano y doce chavos del ITESM recorrieron, casa por casa, la totalidad de la ciudad. Después de una jornada agotadora, la ceremonia de clausura se llevó a cabo en la Plaza de la Solidaridad, en la Alameda.

El compromiso con la sociedad constituye uno de los enunciados de la misión del ITESM, y una de las aspiraciones humanas más loables.

INTRODUCCIóN:

Durante los últimos tres decenios la producción mundial de alimentos ha crecido más rápidamente que la población. Según estimaciones de la FAO entre 1969 y 1999 la cantidad de alimentos disponibles por persona aumentó de 2,410 a 2,800 kcal por día. (¿Qué pensarán de ello los 777 millones de personas 'subnutridas' en el mundo?)

Primera aberración: Hay suficiente alimento para alimentar a la población del planeta, pero se estima que 20,000 personas mueren diariamente a causa del hambre. Ergo, la escasez de alimentos no es la causa primera, sino la consecuencia de las extremas desigualdades en la distribución de los recursos.

Segunda aberración: En México, la novena economía del mundo, las cifras están lejos de ser convenientemente eufemísticas: aproximadamente la mitad de la población vive con menos de $2 dólares diarios (pobreza) y alrededor de 28 millones viven con menos de $1 dólar diario (extrema pobreza).

Primera pregunta, imperiosa, lacerante, ineludible: ¿Qué hacer?

Acopiio de alimentos en Morelos Sur

Acopio de alimentos en Morelos Sur

AL FINAL TODO ES UNA CUESTIóN DE VOLUNTAD. Poseídos por la dinámica misma de un proyecto que se nos antojaba titánico, había llegado el gran día, para recolectar la mayor cantidad de alimento en la zona de Cuernavaca en un esfuerzo nacional contra el hambre. Es una tarea que excluye matices: o se tiene éxito o se fracasa estrepitosamente. En la mañana del gran día, en realidad en la media madrugada de un sábado 18 de octubre que pareció eterno, desperté con la ambivalente sensación de haber dejado lo menos posible a 'la buena de Dios' y, por otra parte, con cierta ansiedad por lo no contemplado. Luchando contra la deliciosa tentación de 'cinco minutos más', que se eterniza sobre todo después de las noches de insomnio, me levanté más lleno de certezas que de dudas. Había conquistado el primer obstáculo: mi propio cansancio.

Se habían definido las rutas de acopio por las que pasaríamos, consultando los mapas y registros de la ciudad, amén de recorridos previos para asegurarnos de la dirección del flujo vehicular y la capacidad de respuesta ciudadana. Fueron ocho rutas, donde los elementos del servicio militar se reunirían periódicamente con nosotros después de realizar las colectas; la logística marchaba sobre ruedas: transportes, personal, destinos, combustible, publicidad. Todos sabíamos nuestros puestos y todo estaba en su lugar, salvo una cosa: se había dicho a la población a través de los medios nacionales que la 'camiseta oficial' sería de color blanco con mangas bicolores (gris y verde) con la leyenda de la campaña: México Sin Hambre, en contraste con las camisetas del SMN (Servicio Militar Nacional) que, en Cuernavaca, irían casa por casa. Primera lección, de las muchas que tendríamos que aprender ese día: improvisa; acompaña a los grupos, casa por casa, en sus recorridos. Nace el rumor ciudadano, la estafeta verbal: Vienen chavos del SMN. No hay problema. Son de la campaña.

Segunda lección: La capacidad de desprendimiento de la gente es sobrecogedora. Irónicamente los acopios más fecundos se realizaron en las colonias de clase media y media-baja, y fueron realmente escuetos en las colonias 'nice', más concretamente en la zona noroeste y central de la ciudad. Casas grandes, pero corazones pequeños.

La tercera lección: El entusiasmo de los jóvenes, un factor que no debe ser despreciado. Más allá del cuadro anecdótico, recuerdo especialmente el dinamismo de unos jovencitos que venían ayudando a un señor con una caja repleta de víveres. "Sólo espero que [los víveres] vayan a buen destino", nos espetó sin mayor ceremonia. Se comprende el recelo, pero un gesto tan noble queda grabado en la memoria, y constituye una responsabilidad mayor, para quienes, durante esa jornada, habían donado más que víveres: la generosidad de su tiempo y su esfuerzo.

Cuarta lección: Reunidos en la plaza de la Solidaridad, en la Alameda de Cuernavaca, agotados pero felices luego de recorrer casi toda la ciudad, con hambre y sed, prometeicos en más de un sentido, recibimos la noticia de parte de los medios: habíamos logrado reunir quince toneladas en alimentos, más otras dos por parte de escuelas. Una empresa como ésta no pudo haber sido sin la sociedad, pues la premisa que subyace debajo del discurso por el trabajo en equipo, tan presente en el Tec, resulta verdadera: que los grandes proyectos están sustentados en grandes esfuerzos.

Quinta lección, y Conclusión:

Actualmente el abismo que separa a los que nada tienen que perder de los que lo tienen todo es enorme. No podemos cambiar eso, por más furiosa que sea nuestra voluntad en ese sentido; porque ninguna solución es externa, y porque para que sea irremediablemente personal debe provenir de nuestro más íntimo convencimiento. Hemos querido cambiar el mundo, sin siquiera reparar en cambiar nuestras mentes y ambiciones. Por ahí podemos empezar nuestro camino: otorgando antes que pedir; aprender antes que enseñar; construir antes que soñar. Se trata de querer, de tener voluntad. '¿Qué hacer?' Podemos dar lo que tenemos, nuestro tiempo, nuestro conocimiento, nuestra experiencia, nuestra generosidad, poco o mucho, constituye el regalo más adecuado.

¿Hace falta una revolución? Sí; pero una revolución de los corazones, quizá más modesta pero más firme: la única solución verdaderamente legítima, decididamente viable y... pletórica de voluntad.

Retos y Perspectivas

Después de una movilización masiva de recursos para la campaña 'México Sin Hambre' uno de los objetivos no declarados, en Cuernavaca, fue el dar a conocer a la institución de Banco de Alimentos y hacerla familiar a la población. 'Quién' y 'dónde' son dos preguntas ya resueltas. El reto ahora es obtener un mayor apoyo de la sociedad civil. Principalmente en el empaquetado (hacer despensas) y la distribución de los alimentos.

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Autor: Roberto Hoyos
En línea desde: 24.04.2007